Gazir encontró a su nuevo “elegido” del ifreestyle/i en Colombia

2026-08-03 08:24:30 - MUNDO

A los 19 años, cuando todavía tenía grandes anhelos y pensaba que iba a revolucionar el mundo, soñaba con ser host (presentador) de Batallas de Gallos, como también se le conoce a los combates de freestyle, que básicamente son dos personas dándose en la madre por medio de rimas... Sí, ese es el resumen ejecutivo, en otras palabras, es lo que estuvo haciendo Lokillo, el comediante, durante un tiempo, porque es como trovar, pero con ritmos diferentes y encarando a oponentes.

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Solía ver videos en mi computador, sentada en el escritorio de la casa de mis papás –muy entrada la madrugada y antes de pandemia–, de la escena del freestyle en Argentina y España, donde tenían grandes escenarios, luces, públicos multitudinarios, cubrimiento de medios e incluso ligas con grandes exponentes. Nada de eso en Colombia pasaba en Colombia, así que me fascinaba la idea de llegar hasta allá, aunque a mis papás no tanto, ¿para qué estudiar Periodismo si en verdad quieres ser presentadora de freestyle?

En aquel entonces, mandaban la parada nombres de peso, con historia dentro de la disciplina: Aczino, Chuty, Skone, pero en ese año, precisamente en ese 2019, me empezaron a aparecer en YouTube, mi ventana a este mundo tan fascinante y lejano, videos de una nueva promesa proveniente de tierras ibéricas: Gazir.

Era inevitable no quedarse horas viendo al estudiante de Física Gabriel Sánchez convertirse en Gazir, su nombre como freestyler. Un verdadero maestro de la improvisación y el futuro del freestyle.

Y es que se suele creer que estas dos disciplinas no conversan entre sí. Que quien domina los números difícilmente puede dominar las letras. Que la lógica y la creatividad caminan por caminos diferentes. Pero en Gazir ambas coexisten con una naturalidad desconcertante, como si nunca hubieran sido opuestas, como si siempre hubieran pertenecido al mismo universo.

Varios años más tarde, porque el mundo tiene maneras graciosas de obrar, pude sentarme con él a conversar, ya como periodista, porque lo de host tristemente nunca resultó.

Nos conectamos por Meet, porque con los afanes de la vida se van perdiendo las buenas costumbres de sentarse en una mesa con un café, y corroboré lo que siempre intuí, que era un tipazo: amable y dispuesto. Nadie se imaginaría que detrás de esa postura despreocupada que lo caracteriza, de esa sonrisa amplia de oreja a oreja y de esos ojos que reflejan la humildad de quienes tantas veces han sido subestimados, se esconde una de las mentes más brillantes y mordaces del freestyle contemporáneo.

Gazir cuenta. Cuenta letras y cuenta rimas para encontrar el número exacto de barras en cada batalla. Cuenta sílabas, sonantes y asonantes. Cuenta los segundos que le quedan antes de que termine el minuto de su intervención. Cuenta para sobrevivir sobre el escenario.

Cuenta porque, en el fondo, improvisar también es resolver ecuaciones, y quizá por eso se mueve con tanta comodidad entre ambos mundos.

Sobre la tarima tiene en cuenta todas las variables: el DJ, el cronómetro, el rival y su propia genialidad como si ya supiera la fórmula para resolver el problema. Mientras otros improvisan; él calcula. Mientras otros reaccionan; él anticipa.

Gazir es freestyler. A sus escasos 24 años aún no es tan veterano como para pertenecer por completo a la vieja escuela, pero tampoco tan joven como para formar parte de la nueva generación. Habita un extraño limbo generacional. Eso sí, la promesa quedó atrás hace tiempo. Gazir ya no es futuro; Gazir es el presente del freestyle.

Tras ese abrebocas del principio, les voy a contar lo que en verdad es, ya a nivel técnico: el freestyle es una disciplina tan compleja como fascinante, y, ciertamente, ya no es aquel movimiento completamente underground que nació en Estados Unidos durante la década de los setenta y, posteriormente —porque pocas veces las revoluciones culturales llegan a este lado del mundo en tiempo real—, encontró terreno fértil en los países hispanohablantes tras la llegada del nuevo milenio.

La premisa parece sencilla: dos competidores, una pista musical y la obligación de improvisar. Pero detrás de esa aparente simplicidad se esconde una batalla intelectual en la que el objetivo no es golpear, sino desmontar, desarmar al rival palabra por palabra.

Una batalla poco sanguinaria, pero feroz. Un duelo donde chocan la agilidad mental, la insolencia, la astucia, el conocimiento, la creatividad, los números y las letras.

Como ocurre con casi todos los movimientos culturales, el freestyle nació lejos de los reflectores. Surgió en las calles. Muchos sitúan sus raíces en el Bronx, una teoría que parece coherente con todo lo que el freestyle representa: la contracultura, la rebeldía y la necesidad de expresión de generaciones enteras que encontraron en el rap una forma de resistencia.

Comenzó en fiestas improvisadas, continuó en parques y esquinas y terminó conquistando escenarios.

Con el tiempo llegaron los formatos, los códigos y las reglas. Surgieron nuevas posibilidades para un movimiento que no tardó en expandirse por el continente. Las batallas de gallos encontraron impulso en Puerto Rico y luego se propagaron por América Latina hasta convertirse en un fenómeno cultural.

Pero la verdadera transformación llegó con el mainstream, y así fue como las plazas dejaron de ser el único escenario posible. Espacios emblemáticos como El Quinto Escalón, en Buenos Aires, se convirtieron en vitrinas para una nueva generación de talentos. Después con YouTube llegaron los patrocinadores, los eventos multitudinarios y la "profesionalización" del freestyle.

El crecimiento trajo nuevas oportunidades, pero también nuevas reglas. Algunas palabras dejaron de ser bien vistas, ciertos códigos cambiaron e incluso varios MC —nombre con el que tradicionalmente se conoce a los competidores— modificaron sus alias para adaptarse a los nuevos tiempos. Pero esa es otra historia y merece una conversación aparte.

Porque esta historia, de la que vamos a hablar, comienza con un viaje. El viaje de Gazir a Colombia.

Y es que, ¿qué hacer cuando ya lo has hecho todo? Gazir, por allá en el 2019, fue un rostro fresco que llegó a hacerle frente a nombres de peso en el freestyle, pero pronto se convirtió en bicampeón de Red Bull Batalla en España y conquistó la FMS Internacional. Entonces, allí, luego de enfrentarse a los grandes, apareció la pregunta inevitable. ¿Qué hacer cuando se alcanza la cima?

Existe una cantidad de inimaginables: diversificar el camino, incursionar en otras artes, convertirse en mentor, probarse en otros territorios, marcharse del país. Gazir hizo todo eso.

Y fue precisamente en Colombia donde encontró a la madre de las grandes ideas: la curiosidad.

En cada ciudad conoció a grandes freestylers, que por condiciones de vida o la suerte no habían podido llegar a mostrar su talento en grandes plataformas, lo que lo llevó a pensar: ¿Qué pasaría si se reunieran las mayores promesas del freestyle colombiano en una misma casa? ¿Qué ocurriría si compitieran entre sí bajo distintos desafíos? ¿Y si el ganador viajara a España, una de las grandes cunas del freestyle, para formarse y convertirse en una nueva cara del movimiento?

Aunque el freestyle colombiano se ha consolidado gracias a la FMS, a Red Bull Batalla, a ligas como KO y a los cientos de movimientos urbanos que mantienen viva la cultura en las plazas del país —como El Rey de la Villa, en Medellín—, todavía sigue siendo una disciplina marcada por la incertidumbre.

Muchos jóvenes se hacen los mismos cuestionamientos: ¿lo voy a lograr?, ¿algún día conseguiré un patrocinio?, ¿alguien llegará a verme?

Gazir sí los vio. Gazir los escuchó. Gazir los eligió. Y buscando responder a esas preguntas que nacieron mientras recorría Colombia, lanzó la segunda edición de "El Elegido", la primera realizada en territorio nacional. El objetivo era sencillo y ambicioso al mismo tiempo: dar visibilidad a los talentos emergentes que compiten cada semana en las plazas y escoger a uno para llevarlo a España.

Allá podría enfrentarse a nuevos competidores, aprender de nuevos estilos, convivir con la presión de la escena y prepararse para dar el salto a escenarios de mayor alcance.

"El Elegido" fue la manera de Gazir de devolverle a Colombia parte del cariño que había recibido. Fue una forma de agradecer el respeto y la admiración que encontró en la comunidad del freestyle nacional. Fue una manera de abrazar al Gazir del pasado, el chico que creció en Asturias, una comunidad autónoma al noroeste de España, muy verde, muy natural, muy pintoresca y muy alejada de Madrid, y se abrió paso en la escena guerriándola.

Pero también fue algo más. Fue la oportunidad que muchos jóvenes llevaban años esperando para demostrar de qué estaban hechos.

Y, sí, quizá, fue la manera que encontró Gazir para inmortalizarse en la memoria del freestyle colombiano.

Gazir descubrió que el freestyle colombiano se ha desarrollado a partir de la diversidad: unos vienen del rap, otros de la trova, otros se apoyan en la riqueza del lenguaje popular. Y eso fue, precisamente, lo que más le llamó la atención: la diversidad de recursos, la agilidad mental y esa "chispa" difícil de definir.

Por eso decidió reunirlos en un formato poco explorado dentro del freestyle: un reality.

Todos viviendo bajo el mismo techo. Conviviendo. Superando desafíos. Midiéndose entre ellos y enfrentándose a figuras reconocidas como Marithea o incluso Absolen, un muy joven talento que se ha ganado su lugar a pulso en la escena local.

Las dinámicas estaban diseñadas para ponerlos a prueba desde todos los ángulos posibles: técnica, creatividad, flow, métrica e improvisación. Pero también para evaluar algo igual de importante: cómo reaccionaban bajo presión, cómo convivían con la incertidumbre y cómo utilizaban factores externos —el público, el rival o el contexto— a su favor.

Entre todos los participantes hubo un nombre que llamó especialmente la atención de Gazir.

Aunque no ganó el programa, destacó a una mujer, a Kore, una freestyler venezolana que clasificó en Medellín y lo sorprendió por su nivel, su musicalidad y su amplio registro vocal, capaz de moverse con naturalidad entre distintos géneros musicales.

Pero no solo resaltó su talento, también admiró su carácter. Durante toda la competencia se adaptó a cualquier desafío, enfrentó cada prueba sin titubear y demostró una versatilidad poco común.

Finalmente, después de pruebas, tensión y momentos de zozobra, JM SERNA se convirtió en el nuevo Elegido de Gazir.

Un elegido que cruzará fronteras y lidiará para crearse un nombre y un lugar en el circuito del freestyle en España.

Y aunque por ahora no hay fechas ni ciudades confirmadas para una nueva edición del reality, el español ya piensa en su próximo movimiento.

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Quiere seguir recorriendo territorios. Llegar a los pueblos y a las ciudades pequeñas. Encontrar a esos jóvenes que todavía improvisan lejos de los focos y demostrarles que existe un camino posible.

Porque el freestyle ya no es aquel movimiento completamente underground de hace años, pero todavía guarda, entre sus plazas y sus parlantes, historias que están esperando ser descubiertas.

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