
Fideos caseros de domingo: El ritual que amasa la paciencia y une a la familia

Hoy es facilísimo. Vas al súper, agarrás un paquete de fideos secos, un frasco de salsa de vidrio y en quince minutos estás comiendo. Pero todos sabemos que eso llena la panza, no el alma.
El domingo pide a gritos que ensuciemos la mesada de la cocina.
Hacer fideos caseros requiere eso que nos falta en la semana: tiempo. Armar la corona de harina, ensuciarse las manos con el huevo, amasar hasta que la masa quede sedosa y dejarla descansar.
Y el ruido de la máquina de pasta (o el palo de amasar para los más valientes) cortando las cintas anchas.
En ese proceso hay charlas con los hijos, hay un vasito de vino al lado para el que cocina, y hay un olor que inunda la casa y avisa que hoy no hay apuro.
La comida hecha con las manos tiene un condimento invisible que no se puede comprar en ningún lado: el cariño. Volvamos a la cocina lenta.
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