


7 de Noviembre: El poeta de la voz oscura


3 de Noviembre: El piano en llamas








Parece un masoquismo inexplicable. Estás con el corazón roto, extrañas una época pasada o tuviste una semana para el olvido, y en vez de poner un ritmo de fiesta para levantar el ánimo, vas a la radio y esperas que suene la balada más triste de los años 80.
Los neurólogos lo estudiaron a fondo y descubrieron que es un mecanismo de defensa brillante del ser humano.
Cuando escuchamos una canción triste, el cerebro libera prolactina, una hormona que nos produce una sensación de consuelo y paz. Pero más allá de la química, hay un tema de empatía: cuando escuchás a ese artista con la voz rota cantando exactamente lo que te está pasando a vos, sentís que no estás solo en el mundo..
Alguien más sintió ese mismo dolor y logró transformarlo en arte. La música melancólica no nos hunde; nos valida el dolor, nos abraza en la oscuridad y nos ayuda a limpiar el pecho para poder seguir.