No te preguntes "qué te pasa", preguntate "qué te pasó": El grito de auxilio que estamos tapando con pastillas.

Vivimos en una época que nos exige rendir sin descanso. Cuando el cuerpo no aguanta más, la sociedad nos pone una etiqueta, nos medica y nos manda de vuelta al ruedo. Un análisis urgente sobre por qué debemos dejar de tratar a las personas como piezas rotas y empezar a escuchar sus historias.
Hace 2 semanas Salud

Llegamos a la consulta médica arrastrando los pies. No dormimos bien, tenemos un nudo crónico en el estómago, la cabeza no para de dar vueltas y sentimos una angustia que no sabemos de dónde viene. Del otro lado del escritorio, luego de una charla de quince minutos, a menudo salimos con un diagnóstico rápido —depresión, ansiedad, estrés— y una receta con dos o tres psicofármacos.

El problema parece resuelto. Pero, ¿realmente lo está?

Recientemente, el Dr. Marín, una voz crítica y necesaria en el ámbito de la salud, puso sobre la mesa una verdad incómoda que la medicina moderna muchas veces prefiere esquivar:estamos psiquiatrizando la vida. Estamos agarrando el sufrimiento humano, el dolor, el agotamiento y el trauma, y lo estamos convirtiendo en "trastornos" individuales, tapando el verdadero origen del problema.

El peso de nuestro propio entorno
Solemos aislar el síntoma. Si a alguien le duele la cabeza, tratamos la cabeza. Si alguien está desconcentrado, lo medicamos para que atienda. Pero olvidamos algo fundamental: los seres humanos no somos piezas de un motor. Somos el resultado de nuestra biografía y de nuestro entorno.

Gran parte de lo que hoy llamamos "malestar psicológico" no es un fallo en nuestra química cerebral es una respuesta completamente lógica y adaptativa a un entorno que está enfermo. La presión constante por rendir en el trabajo, el estrés escolar, la desconexión con nuestros seres queridos, la exposición a noticias que nos llenan de miedo las 24 horas y hasta el consumo adictivo de las redes sociales nos están rompiendo.

Incluso nuestro tiempo de descanso está contaminado. El ocio se ha vuelto una fuente de estrés porque vivimos pendientes de cumplir con expectativas ajenas, sacando fotos para demostrar que la estamos pasando bien, en lugar de desconectar.

La inflamación del alma
Durante décadas nos dijeron que la depresión era simplemente una falta de serotonina. Sin embargo, la mirada clínica está cambiando. Hoy se sabe que cuadros de depresión severa podrían explicarse mejor desde un modelo inflamatorio. El estrés crónico, la falta de sueño (que debe ser siempre la prioridad número uno a evaluar), la mala alimentación llena de ultraprocesados y el sedentarismo inflaman nuestro cuerpo.

Pero lo más doloroso es el silencio. Las enfermedades crónicas y los síntomas psicológicos muchas veces hunden sus raíces en un trauma infantil o en un abuso que nunca se contó. Y la evidencia es clara: el silencio que guardamos sobre ese trauma termina siendo más destructivo y venenoso que el evento traumático en sí.

Por eso, como bien señala el periodista Johann Hari en su investigación sobre las conexiones perdidas, el sufrimiento emocional viene, en gran medida, de haber perdido nuestros vínculos más significativos. Nos hemos quedado solos rodeados de gente.

El cambio de pregunta que salva vidas
No tiene ningún sentido tratar a una persona, "curarla" químicamente y luego devolverla exactamente al mismo entorno tóxico que la enfermó en primer lugar.

La verdadera sanación, la que nos hace bien, no empieza con una pastilla. Empieza cuando cambiamos la pregunta que hacemos en los consultorios, en las casas y en las mesas de familia.

Tenemos que dejar de mirar al que sufre y preguntarle"¿Qué te pasa?". Esa pregunta busca un síntoma, busca una etiqueta.
Tenemos que empezar a mirarnos a los ojos, con paciencia y sin juzgar, y preguntar:"¿Qué te pasó?".

Ahi radica la diferencia entre sobrevivir y sanar. Entender la historia del otro. Darle valor al abrazo, a la contención y a la escucha. Dejemos de tratar a las personas como un conjunto de síntomas aislados y volvamos a tratarlas como historias completas que merecen ser escuchadas con respeto.

Cuidemos nuestras horas de sueño, hablemos de lo que nos duele, alejémonos de lo que nos intoxica y, sobre todo, no dejemos a nadie solo con su silencio.



(00:00–01:40) El Dr. Marín sostiene que el sueño debe evaluarse como una prioridad clínica, independientemente del motivo de consulta. Critica la medicalización excesiva, el uso de múltiples psicofármacos y afirma que tanto la farmacoterapia como la psicoterapia pueden producir efectos adversos. También cuestiona el valor clínico de las etiquetas diagnósticas (como "depresión"), argumentando que sirven más para clasificar que para comprender a la persona.


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